sábado, 4 de diciembre de 2010

Cuando...

Cuando hay países que hablan de rescatar a otros. Cuando la desconfianza nos mira de reojo, con ese movimiento de brazo para que no copiemos al de al lado. Cuando nos adentramos en el terreno pantanoso de una crisis a causa de la especulación, las ansias de acumular, el consumo descerebrado o los cantos de sirena publicitarios para crearnos esas necesidades que satisfacemos a golpe de Visa. Cuando la infelicidad se maquilla con luces de Navidad. Cuando todo eso se da la mano, vuelvo a mirar la imagen de Ruth buscando en el fondo de ese bidón de tono ferruginoso y de agua de lluvia de varios días atrás. Un bidón con amebas que no saben de crisis pero sí de infecciones. Un bidón que espera, con ansia, unas canalizaciones de agua que están a punto, a punto a punto. Un bidón que resume horas de espera, de miradas perdidas en su fondo, pero también en un horizonte de tonos azules de cielo travieso y rojos de caminos pacientes, redibujados con puntas de machete y surcados por cestas de mimbre cargadas de leña y bananas. Nunca pregunté a Ruth qué miraba. Ni siquiera si miraba. O qué pensaba. Ni siquiera si pensaba. Seguramente regaló uno de esos gestos suyos tan habituales, tímidos y aderezados con un canturreo para espantar quien sabe qué. De puntillas y con ojos abiertos, seguro que encontró un mundo. Yo no supe ver nada.

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