miércoles, 8 de septiembre de 2010

Hace un año...


Me siento mal cuando el ocio me apabulla, cuando la sensación de no querer hacer nada toma el control. Por la mañana, la cama tiene esa extraña habilidad de engullir mi cuerpo, mientras mi mente intenta resituarse (no sé si le pasa a todo el mundo, pero hasta que no caigo dónde estoy y qué debo hacer pasa un buen rato). Pero hoy he recordado que hace un año estábamos a punto de viajar hacia Guinea Ecuatorial para vivir cuatro intensos meses de trabajo, de vida, de vínculo. Hace un año sentía el cosquilleo de tener en mis manos un visado (que tardó, y tardó, y tardó en llegar), un simple papel que nos permitía entrar. Pero entrar es más que visitar, más que conocer, más que ayudar, más que dar forma a un proyecto. Entrar fue encontrar una segunda casa: Evinayong, para mí, ya lo es. Estos días veo fotos de gente que ha estado allí este verano (y que, por cierto, han dejado la escuela tan limpia y bien pintada que parece otra) y veo rostros conocidos. Y veo un paisaje que integré como propio. Y veo una cocina, un comedor, una casa en la que reconozco un póster de África que dejamos a Sara y hasta un hule de mesa que olía a hogar. Me siento mal cuando tengo ganas de espachurrarme en el sofá, de navegar por el Facebook o de ver la tele y no pensar. Y más cuando en Guinea esas tentaciones quedaban minimizadas por la falta de tele y el contacto más que esporádico con eso de internet (sí, eso que nos ha cambiado la vida, eso sin lo que no podemos vivir, y eso que cuando no tienes te das cuenta que tampoco es tan necesario). Hace un año el aire olía a yuca fermentada, a verde selva y a niebla que va rodeando Evinayong hasta acunarla. Hace un año los pies de 200 niños se llenaban de barro al entrar en la escuela después de un tormentón de los buenos, de los que llenan bidones y regalan vida. Hace un año.

1 comentario:

  1. Que bonita forma de describir la realidad de allí... hace un año... para mí hace dos semanas y todavía vivo en mi corazón en Evinayong... todo tan diferente, tan sencillo, tan profundo... bueno, quizás el Señor nos brinde otra oportunidad. Gracias por compartirlo Jordi.

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